domingo, 14 de noviembre de 2010

Sábado en la isla.

Nos cebamos y hoy volvimos a ir a la isla. El documento gráfico:

Viernes en la isla.

Ayer, viernes, decidimos sin mucho plan ir a pasar la tarde a la isla. El clima acompaño. Los gordos se bañaron un rato y nosotros aprovechamos la tranquilidad para desenchufarnos un poco antes de que comience el loquero de fin de año.

domingo, 7 de noviembre de 2010

viernes, 5 de noviembre de 2010

Entrada de hoy, por autora invitada: Betina Managó

Cinco cosas que tenés que saber antes de ir al gimnasio.

Antes de decidirte a realizar alguna actividad física, ya cansada de escuchar por la tele, a tu médico, a tu madre y hasta tu propia conciencia de los beneficios que te resultarían de algunas horas semanales de sufrimiento, es bueno que sepas que el padecimiento no será sólo físico. Psicológicamente es bueno prepararse para persistir en el tiempo en una labor que de ignorar sus connotaciones, irremediablemente abandonarás sin posibilidad de retorno alguno. Entonces, cinco cosas que tenés que saber antes de ir al gimnasio:

1. Lo primero con lo que te toparás en el gimnasio es con mujeres, muchas, que no necesitan estar ahí y que su única función es mostrarte un cuerpo que no lograron haciendo tae-bo y que vos nunca tendrás aunque se te encarne la bicicleta fija.

2. La balanza, maldito instrumento que delata en números tu calamitoso estado. Se ubica a la entrada del gimnasio, en el lugar más visible del mismo y donde todos circulan. Solo para que vos al pesarte tengas que hacer poses dignas de un yogui, evitando que trascienda hace cuantos kilos deberías haber venido.

3. Cualquier aparato que requiera poses poco elegantes o dudosamente femeninas y que dejen a la vista partes de tu cuerpo que no te enorgullecen estarán indefectiblemente en el centro del salón y, de ser posible, justo delante de algún televisor para que nadie se pierda el “espectáculo” y pronto seas conocida por el diseño de tu ropa interior: “la de los lunares violetas”.

4. Instructores: especialistas del engaño. Con una sonrisa te enseñan como utilizar un aparato haciendo que parezca una tarea simple... hasta que te subís y te das cuenta que no hay forma digna de realizar ese ejercicio. Y mientras tratás de disimular que estás haciendo fuerza hasta con las encias, él te pregunta -¿cómo vas?- y vos asentís con la cabeza y hacés una mueca que intenta ser sonrisa ¡¡¡PORQUE NO PODÉS NI HABLAR!!!

5. ¡¡¡Hay una variedad impresionante de clases!!! Con nombres compuestos por palabras como: training, work, circuit, body, aerobic, etc, etc. Son prácticamente lo mismo variando el elemento y la intensidad. Tu papel en casi cualquiera de ellas será: transpirar, sufrir y disimularlo sonriendo desde el séptimo infierno del dolor muscular.


Por eso, desde este humilde lugar te aconsejamos: Buscá una actividad física en la que puedas sentirte cómoda, donde la intensidad esté controlada para que puedas mantenerla y de a poco aumentarla, y lo más importante: ¡Qué la disfrutes! Que te reporte producción de endorfinas para que no sea una tortura sino un gusto del que no puedas prescindir.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Un día en la isla

Hoy pasamos el día en la isla. Lo pasamos muy bien, ya que el clima estuvo ideal y los mosquitos estaban por ser censados así que no podían salir de sus... de sus... de los lugares donde viven los mosquitos.

Goldy cortando el pasto.
Gerardo, haciendo algo. No sé qué, pero algo hacía.
Relax de dueño y amo.
La hora del almuerzo.
Enfrente a la isa de Gerardo, este banco de arena.
Por una de las lagunitas formadas entre el banco de arena.
Playa del banco de arena. Espectacular.
Seguimos en el mismo lugar.
Con Meli.

sábado, 23 de octubre de 2010

Tarde en el Pre-Delta

Hoy, al volver de la iglesia, cargamos comida y mucha bebida y salimos para el Pre-Delta. Luego del almuerzo llegaron los García (con Myri ya a término... esperando a Adrielito), y al final de la tarde, los Sapia.
Pasamos una tarde espectacular. Las fotos:

miércoles, 20 de octubre de 2010

Entrada de hoy, por autora invitada: Laura Oros

Los momentos “libres” de las madres
El placer de esos minutos que valen oro…

Fabricarles una máscara de papel, improvisada con una tijera, una birome y un cordón de zapatilla, me da entre 20 y 30 minutos de plena libertad…para separar la ropa de color, ponerla en el lavarropas, tender la que acabo de sacar mojada y descolgar la que ya está seca.

Abrir la puerta del patio por la mañana e incentivarlos a jugar afuera, me da entre 30 y 40 minutos[1] para darme un lujito: terminar mi desayuno frío, y de paso, lavar las tazas.

Darles los lápices de colores y unas hojas me da 15 minutos de soledad…para bañarme y cambiarme a los rajes.

Ponerles una peli me da 45 minutos para relajarme…y avanzar con una publicación pendiente (o inspirarme para escribir esta cursilería).

Pedirles que junten los ladrillitos me da 7 minutos para mimarme un poco y pasarme rápidamente un cepillo por el pelo, porque acaban de tocar el timbre y aunque son las 11.00 sigo sin peinar…

Prepararles masa para jugar me da unos 40 minutos de calma...para formularme la predecible pregunta de cada día: “¿qué cocino hoy?!”, revisar la heladera y decidirme por algo rapidito (la calma desaparece cuando tengo que juntar pedazos de masa seca que viajaron debajo de alguna zapatilla y quedaron esparcidos por toda la casa…)

Pedirles que se acuesten por la noche, me da 5 minutos para sentirme segura y protegida…y cerrar con llave las puertas, trabar las ventanas, encender la luz de afuera, y abrir nuevamente la puerta porque me olvidé de descolgar la ropa, que a esta altura está húmeda otra vez.

Acostarlos[2] me da entre 8 y 9 horas para disfrutar de la quietud del hogar, conversar con mi marido, tomarme un cafecito, mirar una buena película, leer un libro, hacer ejercicio, conversar con una amiga, arreglarme las uñas, depilarme, hacerme una limpieza facial, escuchar música, tomar sol y otras banalidades imposibles de realizar a esa hora (porque es cronológicamente imposible o porque estoy psicológicamente hecha polvo), razón por la cual yo también me acuesto y sueño con los angelitos (con los de verdad no, con los míos, y me preparo para lo que me toca mañana…)

Sacando las cuentas serían unas 12 horas con 4 minutos que las madres disponemos todos los días para gozar de plena independencia y realizar, no una, sino varias y productivas actividades, y así y todo, a veces nos quejamos de que no tenemos tiempo para nosotras mismas…¡Qué ingratas y egoístas! ¡Que la boca se nos haga a un lado la próxima vez que protestemos! ¡Vergüenza debería darnos! ¡Y culpa! Sí, mucha culpa de querer tener aunque sea un modesto tiempito a solas, para reírnos de algo, para leer con tranquilidad un mail, para ir al baño, para hacer una llamadita telefónica, para salir a caminar, para tomar un heladito, en fin, para hacer lo que cualquier ser humano quisiera hacer si tuviera que estar todo el día juntando dinosaurios, autitos, zapatillas, peluches y trozos de banana, barriendo arena, quitando líneas de birome de paredes, mesas y sillones, resolviendo constantemente conflictos fraternos, levantando la toalla del baño, enrollando el papel higiénico, cerrando las puertas y cajones que quedan permanentemente abiertos… ¿Dije modesto tiempito? ¡Ni modesto, ni tiempito! Deberían darnos un mes libre para rascarnos el pupo al sol después de semejante proeza diaria! Un mes cada cuatro meses y por cada hijo! “Doce horas con 4 minutos para gozar de plena independencia” Ja, Ja, Ja!!…los disparates que se le ocurren a uno a veces!


[1] Tiempo que transcurre hasta que se escucha el primer grito y tengo que salir corriendo a socorrer a uno de mis hijos y a poner en penitencia al otro.
[2] Porque la indicación anterior jamás se cumple.