domingo, 13 de abril de 2014
Anécdotas anitofídicas...
domingo, 9 de noviembre de 2008
12.000 vs 3.000
Luego de una ponencia a la que asistí sobre neurociencia y lenguaje, quedé más que atrapada y seguí leyendo un poco más sobre el tema: el cerebro del hombre y de la mujer REALMENTE son distintos, y en muchos más aspectos de lo que uno podría imaginarse. Cuando esto se aplica al lenguaje, la historia se repite y es fascinante.
Por ejemplo, ¿saben cuántas palabras usa en promedio una mujer por día? 12.000
¿Saben cuántas usa un hombre? 3.000
Ahora entienden algunas cositas, ¿no?
Imaginen la siguiente situación: ha terminado el día de trabajo y un hombre llega a su casa. Lo recibe su esposa y su diálogo puede asemejarse a algo así:
Ella: ¡Hola, mi amor! ¿Cómo estás? Se te ve un poco cansado. ¿Cómo te fue en el trabajo?
El: Bien.
Ella: A mí también me fue bien hoy. Pude hacer todas las compras para la semana. De paso, conseguí unos pickles como te gustan, que ni te imaginás. También fui a la peluquería. Y no sabés, me enteré que la Pochi se fue a vivir a Italia. Y si… Ah, también me conseguí un esmalte de uñas bárbaro; en 3 segundos se seca y listo. Che, ¿seguro te fue bien?
El: Sí.
12.000 contra 3.000. ¿Se entiende ahora? Cuando la cosa no da, NO DA.
Saludos a todos.
Titi
Nota (exclusiva para mujeres): El final de esta entrada iba a ser “cuando no les da, no les da…”, pero temía que alguno se ofendiera. Y si hay algún ofendido leyendo esto: gracias. Están probando otro punto… pero eso lo dejamos para más adelante.
jueves, 30 de octubre de 2008
Genetista se busca.
Si han logrado hacer un mapa del genoma humano, supongo que podrán identificar un gen en particular. El gen en cuestión es el que hace que todo ser masculino se resista sistemáticamente a sentarse a la mesa cuando se le avisa que la comida está lista.
Una vez identificado, sugiero su pronta eliminación. Ya es muy tarde para mi (y para el 99.9% de las mujeres de este planeta), pero estoy segura que la próxima generación estará más que agradecida.
Esta cuestión de resistencia va más allá de la bronca que le puede dar a una el hecho de ver como se enfría la comida que (¿con tanto esmero?) se preparó. Es también una pérdida enorme de tiempo. Personalmente me he tomado un tiempo extra para cronometrar la situación. Salvo alguna rarísima excepción, el lapso que va desde el primer llamado a comer (en tono alegre, cariñoso) hasta el 5° o 6° en que el susodicho llega (cabe aclarar que el tono del llamado ya no es el mismo…) puede ser de un promedio de 7 a 10 minutos.
Esto no sólo se aplica a esposos, sino también a padres, hermanos, suegros e hijos varones. (He visto alguna excepción en novios, sólo cuando la que llama es la media naranja… )
Y bueno, volviendo al pedido: espero que este gen realmente exista. Si no fuera esta la razón de tan extraño comportamiento, las opciones resultantes no son tan optimistas… (y que cada cual lo interprete como quiera).
Saludos a todos, y en especial a todas esas mujeres que sufren esta situación día a día…
sábado, 9 de febrero de 2008
El genoma humano
Relacionado a eso me viene a la mente una anécdota de Sebastián (de ahora en adelante: Momo J ) de hace unos años atrás… de esa época cuando el pibe no quedaba un minuto quieto -- y cuando lo hacía, tampoco era de confiar… Vale aclarar aquí, que también tenía inclinación por la piromanía así que, que estuviera “tranquilito” detrás del sillón podía significar que estaba prendiendo fuego la cortina… (jua, jua, ¿te acordás?).
Bueno, volviendo al tema de la anécdota: un domingo salimos con papá y el Momo a jugar con un boomerang que acabábamos de comprar. Todos probamos nuestro turno. Sólo papá tenía la “suerte” de que el boomerang, obediente como ninguno, volviera siempre a su lado. Bueno, es que los padres siempre logran que se les obedezca… O por lo menos eso creíamos con el Momo en ese entonces…
La cuestión es que para mi hermano, esperaaaaaar que el boomerang volviera era muuuuuuuy aburrido; una pérdida de tiempo. Fiel al diagnóstico de hiperactividad que oportunamente le diera el pediatra a mamá, esperó que papá tirara el boomerang para salir corriendo a su encuentro. Y lo encontró…
Lo encontró su tabique, que inmediatamente se abrió en dos para dejar salir una impresionante cantidad de sangre. ¡Para hacer una historia larga breve, les cuento que terminó en el médico, quién le hizo una “sutura” con “La Gotita” y lo mandó a quedarse quieto. (Sí, claro).
Ayer volví a ver esos genes en Mati, quién decidió que salir por la puerta de su nueva casita era muuuuuy aburrido. Ahora sí, treparse al carrito de Meli y saltar por la ventana parecía mucho más emocionante. Lo que no emocionó fue la caída, que entre golpearle “sus compañeros inseparables” y la pierna, le dejó un tajo en la cabeza que, al igual que aquel domingo pero sin tanta sangre, necesitó una “sutura” de eso que nada, nada lo despega. También le ordenaron que se quedara quietito y también hizo oídos sordos para jugar a los saltos sobre la cama con Agus (la hija de “Doc”-te-salvo-en-todas, Cucho García). No podría haber sido más similar…
Si a Mati no le bastaba con los genes que heredó de sus progenitores, también le tocó un poco de su tío. Me asusta lo de Meli, que además de los genes que ya se hacen notar, tiene gran escuela de su hermano.
Al Momo le sucedió esto cuando tenía 8 años. Yo ligué mi primer “gotita” ya entrada en la adolescencia… ¡¡Pero Mati todavía no cumple 3!!
Señores, ¿me quieren matar del estrés?
¡¡¿¿Alguien tiene un Rivotril??!!
sábado, 26 de enero de 2008
Hay amores que matan.
Con cada cosa que hacen los gordos, cada reacción que tienen frente a algo, cada mirada o gesto, indefectiblemente con Goldy tratamos de ver “de quién lo heredó”. (Y acá no entran en juego sólo los genes que pusimos los padres, sino que la cuestión llega hasta abuelos, bisabuelos y demás ascendencia. Como si los pobres no tuvieran nada que fuera propio)… Pero deben reconocer que toda esa búsqueda de orígenes es muy divertida. Por eso en casa se pueden escuchar referencias – algunas triviales e inofensivas; otras no tanto -- como las siguientes (nuestras y de cuanta persona llegue a casa y haga algún comentario acerca de los niños):
“Los rulos de Mati, definidamente son “Bonavetti”. Titi tenía algo de rulos de chiquita, pero tendrían que ver a su primo Pablo. ¡Esos son rulos!”
“¿Y cómo no querés que Mati sea inquieto con los padres que tiene? (acá caímos los dos en la volteada). Goldy siempre andaba trepando algún árbol, y vos no caminabas: te desplazabas a todos lados haciendo la medialuna.”
G: “Esa impaciencia para todo, Meli la heredó de vos… “ (el tono se lo ponen ustedes, jejejejeje)
T: “Si el gordo es terco, es porque tiene escuela…” (ídem comentario anterior…)
“Meli es igual al padre: mismos ojos, mismas orejas…”
“Meli es igual al padre, pero los ojos son iguales a los de la abuela Gladys.” (el tema orejas: indiscutible… J )
“El Mati es bichero igual que el padre. Y sí, entre la cantidad de “mascotas” que tenía se encontraban animales tan variados como tiernos conejitos y temibles anguilas.”
La lista podría seguir y seguir, pero para no aburrirlos, simplemente me voy a permitir contarles una anécdota de hace un ratito en relación al último comentario. Si bien me encanta que Mati sea “amigo de los animales”, yo promuevo amistades con perros, gatos y alguna que otra tortuga. En cambio, Goldy lleva los lazos de amistad más lejos y la verdad es que a veces se me ponen los pelos de punta.
Luego de la cena Mati me pidió la linterna (esas que se ponen en la cabeza) porque quería ir al garaje con Goldy. Pero nunca llegó porque se entretuvo buscando y admirando bichos en el cantero. La primera vez que me llamó fue para que viera a un caracol. Pasada la emoción (¿hace falta que aclare que era la suya y no la mía?) volví adentro. Dos minutos más tarde me volvió a llamar para que viera a otro “caracol” “¿Pero dónde está su casita?" me pregunté en mis pensamientos para ocultar mi ignorancia, al ver un pedazo de carne gomosa que se movía por el piso dejando un caminito brillante y también gomoso a su paso. (Asegurándome que Goldy no lea esto, les confieso que pensé en la posibilidad de que mi patio pudiera albergar ¡¡sanguijuelas!!) No pudiendo entender si lo que estaba en frente a mis ojos era “el eslabón perdido” (perdido por las páginas que salteé leer de mi libro de biología, por lo menos) o algún caracol que había hecho abandono de hogar, decidí acudir a Goldy-enciclopedia-andante para que aclarar la cuestión. Todavía ocultando mi ignorancia, y frente a los ávidos ojitos de Mati dije: - “Mirá lo que encontró TU hijo…” “- Ah, una babosa; qué linda. ¿Viste Mati?”
Aclarada la cuestión Mati me hizo sentar a su lado (de la babosa, claro) mientras le acariciaba su gelatinoso cuerpo. El la miraba con el mayor de los asombros; yo con la mayor repugnancia y deseando que el tiempo pasara pronto.
Y esto, amigos es algo que Mati ¡¡¡NO HEREDÓ DE MI!!! Con suerte, Meli preferirá jugar con Tina o con el conejo de los vecinitos de enfrente…
Nota: Si creen que exagero en mis “DESconocimientos” en lo que respecta a flora y fauna, hagan click aquí para que vean que tengo razón…